viernes, 16 de mayo de 2008

Primeros Pasos 3



El primer encuentro con los otros fue asombroso. No todos éramos iguales. Y sin embargo sentía un flujo de empatía fuera de lo común. Necesité dar vueltas y más vueltas hasta sentir confianza en ese otro que permanecía inmóvil y perplejo ante mi insólito accionar. Deseaba acercarme, tocarlo y pedirle su cariño de manera sobre natural. Me dí cuenta que no podía seguir siendo yo sin ese otro. Quise bailar una danza que nadie entendería. Quise decirle que le quería. Que le necesitaba. Que gracias a él yo seguía vivo, esperanzado y creyente. Jamás nos entendimos totalmente. Sin embargo allí estabamos los dos mirándonos, imantados por la potencia de la atracción recíproca. El tampoco supo que decirme. Imaginé su ser alucinado y feliz de una felicidad indecible e insólita como la mía. Permanecimos mudos. Nos observamos con las almas desnudas. Pronto ambos tendríamos que partir.

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