jueves, 19 de junio de 2008

El Barrio-Los Barrios

Es una vereda de baldosas antiguas barridas hasta el hartazgo.
Es una prolija hilera de árboles acorralados en sus planteros.
Es la seguidilla de casas que asoman sus balcones a la calle.

Son esas puertas de maderas lustradas, las fachadas de mármol, los zaguanes largos y fríos, donde nunca hay nadie. Antes, los novios, en sus primeras visitas.
Son cortinas blancas de inmaculadas puntillas.
Son los viejos muy viejos contemplando el presente.
Son los empedrados, los caserones en venta y el viento acelerando su paso por raquíticos pasajes de invisibles veredas.

Es el pasado, son los murmullos, es casi el silencio.
Un pedazo de historia, los inmigrantes, los de antes, los primeros.
Son sus vidas, son sus penas, son sus glorias.
Es la casa de mi abuela, su inmaculada vereda de listones rosados,
y sus prejuiciosas vecinas.
Es el último modelo de auto estacionado antes de doblar la esquina. Es la pelota de trapo que siempre termina en la terraza del vecino
y a tocar el timbre.

Es el paso firme hasta alcanzar la avenida que nos lleva al centro,
Es nunca mirar hacia atrás.
Es sentir nostalgias cuando reconozco su perfume,
sus olores, sus pasos, su forma de caminar.
Es detenerme un instante y sopesar mi vida.
Es extrañar mi presente y desear no perderlo nunca.
También son los bronces que jamás se oxidan.

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